España: la joven testigo de Jehová que rechazó transfusión de sangre sale del hospital.

 

FUENTE: Varios medios

 

 

Cinco largas semanas hospitalizada. Tres de ellas en coma inducido. Liliana, una joven de 20 años declarada testigo de Jehová, ha estado a punto de morir por negarse a recibir una transfusión de sangre. Acudió al hospital San Jorge de Huesca por una apendicitis, pero la situación se agravó con una peritonitis y hubo que buscar alternativas por cuestiones religiosas. Según publicó el pasado 17 de abril el Heraldo de Aragón, la joven recibió el fin de semana anterior el alta médica, y la familia, que no comparte sus creencias, respira mucho más aliviada. Ella, por su parte, se encuentra bien y recuperándose y dice mantener su posición aún hoy después de todo lo que ha vivido.

Al ser ingresada en el hospital la paciente expresó de forma oral que no quería recibir sangre de nadie y que esa postura era tan firme que la había dejado por escrito en un testamento vital. Al empeorar su apendicitis y no poder hacerle transfusiones los médicos tuvieron que inducirle el coma para mantenerla con vida, según leemos en La Vanguardia.

El rotativo ya citado explica que el ingreso hospitalario habría sido mucho más breve con un tratamiento de hemoterapia, pero al estar atados de manos por las creencias de la testigo de Jehová tuvieron que recurrir a otros procedimientos con suero. Éstos son mucho más lentos. La joven tenía un cuadro muy importante de anemia por culpa de una infección generalizada y sus padres tampoco podían legalmente autorizar la transfusión. La Fiscalía de Huesca, tras recibir el informe de los especialistas de la UCI, decidió no intervenir tras valorar que la paciente es mayor de edad y está legitimada para tomar una decisión respecto a los tratamientos médicos a recibir.

El sufrimiento de su familia

“Temimos por la vida de nuestra hija. Los médicos nos dijeron que podía morir, y nos lo dijeron más de una vez. Pero ellos tampoco podían hacer nada”. Bruno, el padre de la joven de 20 años testigo de Jehová que se negó a recibir una trasfusión de sangre en el hospital San Jorge de Huesca, ha relatado a este periódico el calvario vivido durante el tiempo que la chica estuvo ingresada, cinco semanas y cuatro días. Afortunadamente se salvó y ahora se recupera en su casa, en una localidad de la provincia de Huesca. Lo cuenta María José Villanueva en el Heraldo de Aragón.

Bruno cree que su hija volvería a hacer lo mismo, pese a que casi le cuesta la vida. Apela a su juventud y no entiende “cómo una cría de 20 años se pone a firmar un papel como ese”, en referencia al documento de voluntades anticipadas en el que rechazaba expresamente recibir una trasfusión sanguínea.

Los padres no son testigos de Jehová, pero conocían la adscripción religiosa de la chica. Comenzó cuando iba a la escuela a través de compañeros y amigos. “Sabíamos que los testigos de Jehová no aceptan las trasfusiones de sangre pero nunca pensamos que sería de una forma tan estricta, hasta el punto de que casi se muere y no dejaba que le pusieran sangre”, cuenta.

El testamento vital lo firmó sólo dos meses antes, concretamente el 4 de enero, ante dos testigos, una posibilidad contemplada en la ley. Además, había designado un representante o tutor, responsable de velar porque se cumplieran sus deseos. Si hay dudas en la interpretación del documento, es el interlocutor válido con el equipo sanitario y toma las decisiones en su nombre.

El padre recuerda con impotencia cómo era la tutora la que tomaba las decisiones y no la familia, en el tiempo que su hija pasó en coma y por lo tanto los médicos no podían pedir la opinión de la paciente. Coincidieron en el hospital. “Le pedí que, aunque no consintiera una trasfusión de sangre, pudiera hacerse como último recurso si era necesario, nada más. Pero dijo que no, que era la decisión de mi hija y que había que respetar su voluntad”, asegura Bruno.

“Ella no quería sangre”

La chica ingresó el 4 de marzo en el hospital San Jorge y fue dada de alta el 12 de abril. Primero pasó por el hospital de Jaca, pero enseguida la derivaron a Huesca, donde los médicos le diagnosticaron una peritonitis y fue intervenida quirúrgicamente. Según su padre, “desde que llegó ya advirtió que era testigo de Jehová y que no quería sangre, porque aunque tenía dolores pero estaba consciente”. Los problemas vinieron cuando hubo que inducirle el coma y ella no podía seguir tomando las decisiones.

Bruno no sabía que su hija había hecho un testamento vital. “Me enteré cuando estaba en el hospital y ni siquiera sabía qué era eso”. El personal sanitario se lo comunicó cuando hubo que hacerle una traqueotomía para evitar daños al estar tantos días intubada, ya que pasó tres semanas en coma inducido.

“Me llamaron un sábado del hospital y los médicos me dijeron que no había riesgo por la traqueotomía, pero que si se producía cualquier pérdida de sangre, no le podían hacer la trasfusión. Había que firmar un papel y no lo podía hacer yo porque ella había designado a una tutora legal de los testigos de Jehová. Habían llamado también a otra representante, pero no localizaban a una ni a otra”, relata Bruno.

Él intentó revertir la situación acudiendo a los tribunales. “Fui al juzgado de guardia de Huesca la segunda semana, pero me comentaron que no se podía hacer nada”. Habiendo firmado un documento de voluntades anticipadas, a su hija la amparaba la Ley de Autonomía del Paciente, tal como resolvió el juzgado. También consultó a abogados en la zona donde vive. “Me dijeron que el papel está firmado y que la chica era mayor de edad. Yo no podía hacer nada. Mientras mi hija estaba inconsciente nosotros no podíamos firmar ningún documento que tuviera que ver con su salud. No pintábamos nada”.

Ahora la joven se está recuperando bien, aunque lo que pudo resolverse en unos días con una trasfusión derivó en un cuadro clínico que casi le cuesta la vida porque tenía una infección generalizada. Su padre considera que quizá no ha sido consciente de la verdadera gravedad de la situación “porque estuvo tres semanas dormida y cuando se despertó, para ella había pasado una hora”.

En el hospital de San Jorge tuvo oportunidad de hablar con otros testigos de Jehová. Iban a visitarla y se les permitió entrar a la uci la primera semana. Después, ni los médicos ni la familia lo consintieron, asegura Bruno. “Le pregunté a uno, un señor mayor, si tenía hijos y si en la misma situación los dejaría morir. Me contestó que tenía hijos y nietos y que si era su voluntad, sí”, concluye el padre de la joven.

Pide que se respeten sus convicciones

En una carta abierta a los medios de comunicación, la joven Liliana, de 20 años de edad, asegura estar sorprendida de la difusión alcanzada por su caso: “al fin y al cabo, no he sido la primera testigo de Jehová que se ha negado a ponerse una transfusión y cuyo resultado ha sido positivo”, alega, según informó la agencia Efe el pasado 20 de abril. Tras subrayar que en el caso de haber recibido una transfusión tampoco existía una “garantía absoluta” de mejora de la grave peritonitis sufrida, señala que se limitó a hacer uso de su derecho a rechazar el tratamiento, al amparo de la Ley de Autonomía del Paciente.

“Yo he hecho uso de mi derecho –señala la joven–, igual que harían muchas otras personas al negarse a un tratamiento de quimioterapia, a la amputación de algún miembro, etc., sin hacerlo por convicciones religiosas”. “Entiendo que no todos estén de acuerdo con estas creencias, y eso es algo que respeto, igual que he pedido que se respeten mi convicciones”, asegura la joven testigo de Jehová, que expresa su deseo de seguir con su vida con total normalidad y de rechazar nuevas informaciones en prensa de su situación.

En su carta, la joven agradece la labor de los médicos que la atendieron, por su esfuerzo en conseguir su mejoría así como por respetar su decisión de no aceptar transfusiones, de acuerdo a lo establecido por el juez de Huesca que fue informado del caso, a quien también agradece su apoyo. Liliana entró en la UCI y sometida a un coma inducido debido a la gravedad de su afección, una peritonitis derivada de una operación de apendicitis que se le practicó por prescripción médica. Antes de ser sometida a la intervención, la joven, vecina de Jaca, dejó escrito un testamento vital en el que prohibía expresamente recibir una transfusión de sangre.

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